La paciencia oriental, Journal of Traditional Chinese Medicine

Medicina oriental

Antes de conocerlo personalmente, había oído su peculiar voz en un programa de radio. En la conversación trasmitía perfectamente lo que debería ser la meta principal de nuestra existencia: encontrar el equilibrio. Más tarde se reafirmó esta primera impresión, a través de la lectura y, por fin, en el encuentro personal -un ejemplo de médico comprometido con las convicciones más nobles, dorado de sencillez y con amor por su oficio.

Dr. Masgrau, Ud. es muy conocido por los vínculos que ha tenido como médico acompañante de famosos equipos deportivos, entre otros el F.C. Barcelona. Ha participado en programas sobre temas de salud en “Cataluña Radio” donde enfocó sus intervenciones desde el punto de vista de la MTCH. Interviene en congresos y ha editado recientemente una obra póstuma escrita por un médico italiano del siglo XVIII cuyo título nos delata el contenido de esta obra: una crítica de los “falsos médicos”. En otras palabras, siendo poco ortodoxa, Ud. no debe ser cómodo para sus colegas. ¿Cómo es su relación con ellos?

Dr. Masgrau: El mundo engañado por los falsos médicos es un libro genial. Y uno de los aspectos de esta genialidad es que nadie se da por aludido ni puede ofenderse. Cada uno piensa que su médico es el mejor, o como mínimo que sabe lo suficiente para curarlo; de otro modo no confiaría en él. Y por lo que respecta a los médicos, sólo puede darse por aludido quien se considera a sí mismo un médico falso, por lo que se reserva el calificativo de falsos médicos a quienes practican otras medicinas.

Los profesionales de la medicina se pueden dividir en dos grupos: quienes dan prioridad al bienestar del enfermo y quienes se sienten con la obligación de defender una determinada doctrina y son ciegos y sordos a cuanto esté fuera de ella. Con los primeros es fácil entenderse y colaborar, ya que perseguimos el mismo fin. Con los segundos, de los que por suerte cada día hay menos, no hay ninguna relación; seguimos caminos distintos.

¿Es correcto si decimos que Ud. defiende la práctica médica lo menos ofensiva posible?

Dr. Masgrau: Sí, por supuesto. De otro modo sería una monstruosidad, sería querer hacer daño a quien te confía su salud. Todos los terapeutas prefieren los métodos suaves a los agresivos, si bien la medicina moderna no considera suficientemente los simples y experimentados remedios tradicionales y suele dar prioridad a medios de diagnóstico y de tratamiento complejos, costosos que, en muchas ocasiones, suponen más una agresión que una contribución a la salud del enfermo.

No hay que olvidar que el objeto de toda medicina es llevar o acercar al ser humano a la plena forma física y psíquica. La buena medicina, como el buen médico, convence por sus resultados y no por lo hermoso, lógico y bien fundamentado de sus teorías. Antes que ciencia, la medicina era y es artesanía.

Del prólogo al libro de Ted  Kaptchuk: Una trama sin tejedor 
Esta convicción no nace espontáneamente, más bien se va haciendo con el tiempo y la experiencia. En el prólogo del libro Una trama sin tejedor menciona que había estado en Hong Kong y Taiwan. Nos podría hablar de cómo entró en contacto con la medicina tradicional china?

Dr. Masgrau: Fue desde una práctica médica de medicina rural, en la que los pacientes no se diluían en el océano de especialistas y hospitales. El contacto con los pacientes es cotidiano, conoces a sus padres y a sus hijos, son a la vez tus vecinos y tus amigos, sabes sus aficiones y sus aflicciones, por lo que no puedes ignorar cuando el fármaco no consigue hacer lo que viene indicado en el prospecto. Se trataba de una población relativamente aislada, que todavía solía recurrir a sus remedios tradicionales. Desde allí se veía claramente las limitaciones de la medicina oficial y también de la secularmente infravalorada medicina popular. Fue precisamente el empeño de traspasar estos límites que despertó el interés hacia la medicina china. Los buenos resultados que conseguí con una rudimentaria formación autodidacta, pusieron de manifiesto que me encontraba ante un sistema médico muy poderoso, por lo que en el momento en que el progreso médico miraba exclusivamente hacia los Estados Unidos o a nuestros vecinos nórdicos, yo viajé al Extremo Oriente.

Confrontarse con los fundamentos filosóficos de la medicina oriental le debía incitar a un proceso de autoreflexión. Me permite citar del prólogo del libro antes mencionado: “Comprender la Medicina China no consiste tan sólo en sumar nuevos conocimientos, sino implica liberarse de prejuicios. Para este viaje de mayor importancia que lo que se lleva es lo que se está dispuesto a dejar: cuanto más lejana es la cultura, más espacio mental hay que cederle”. ¿Qué preguntas o dudas se planteaban para Ud. entonces con respecto a su anterior actuación como médico?

Dr. Masgrau: La dificultad de la medicina tradicional china no estriba tanto en sus ideogramas, sino en nuestra limitada capacidad de pensar los frutos de una cultura distante en función de sus propias coordenadas.

A lo largo del proceso de aprendizaje a la antigua usanza, mano a mano con médicos tradicionales, creía estar ampliando los límites de la efectividad terapéutica de la medicina oficial, era como encontrar de golpe un tesoro de remedios muy suaves con los que se conseguía excelentes resultados, más rápidos, más duraderos y, sobre todo, eficaces en afecciones que nuestra medicina trata sólo de un modo sintomático o paliativo. A la vuelta, sin embargo, quedó muy claro que una cosa es ir a beber a las fuentes de la medicina oficial, y otra muy distinta desviarse a buscar nuevos horizontes, aunque sean tan antiguos, tan efectivos y tan experimentados como los de la tradición china. Además de lo que se aprende sobre nuevas formas de curar, Oriente también enriquece la visión de nuestra propia medicina.

¿Cree que la MTCH en teoría y práctica se puede trasladar sin más de Oriente a Occidente?

Dr. Masgrau: Poder se puede. Y así se ha hecho, con un éxito relativo, lo que demuestra que la Medicina Tradicional China es un medio valioso para conservar la salud y tratar las enfermedades. Como afirma Ted. J. Kaptchuck en su Trama sin tejedor, los antibióticos también funcionan aunque se administren a ciegas, sin más conocimientos, a quien sea que tenga fiebre. Ahora bien, cuando se traduce literalmente del chino al español, cuando se traslada sin más de Oriente a Occidente, la Medicina Tradicional China pierde por el camino gran parte de su sustancia, y lo que llega es una especie de sucedáneo de la teoría, y la práctica que se deriva de ella está muy lejos de la efectividad que durante milenios ha demostrado la Medicina China aplicada en su contexto.

Existen ciertos obstáculos para el reconocimiento oficial tanto de la enseñanza como de la práctica hoy día en España. Se tiende a atomizar la MTCH en diferentes “técnicas” terapéuticas con lo que se niega el carácter autónomo de este sistema de curación. Curiosamente en la República Popular China la medicina occidental y la medicina tradicional china conviven hoy día en armonía sin mayores discrepancias ideológicas como suele ocurrir en occidente. ¿Qué opina de la relación entre la medicina occidental y la medicina tradicional china?

Dr. Masgrau: El mundo engañado por los falsos médicos es un documento único que pone de manifiesto el defecto central de la medicina científica. Escrito en sus principios, cuando la medicina llamada científica era “alternativa” y tenía que sufrir el desdén de los médicos oficiales de entonces, los galenistas, poseedores de la verdad, que pretendían por ejemplo que no pudieran ejercer de médicos quienes sostenían que la sangre circulaba por los vasos, quienes osaban desafiar el parecer de los sabios de la antigüedad y, sobretodo, que se atrevían a incomodar a los profesores del presente. Si cambiamos la autoridad de los antiguos por autoridad de la anónima “comunidad científica”, veremos que es mucho lo que no ha cambiado. La integración de cuantas medicinas hay en el mundo y su confluencia hacia una única medicina que recoja lo que cada una de ellas tiene de beneficioso para la salud y el tratamiento de las enfermedades, hasta hoy ha encontrado un obstáculo insalvable en el dogmatismo de nuestra medicina oficial.

El dogmatismo que expone el Dr. Gazola con la claridad que sólo puede dar una perspectiva de trescientos años, es el principal obstáculo para la integración de las dos medicinas más extendidas del planeta y, tras ellas, de las demás formas de entender el arte de curar. Una medicina que excluya a las demás no tan sólo carece de sentido y de toda lógica, sino que supone un obstáculo para el progreso de la medicina, entendido no como un sector de actividad económica, sino con arreglo a su fin: contribuir al bienestar del ser humano.

Quedando en el mismo contexto, ¿piensa que sólo médicos con estudios de medicina occidental deberían aprender y practicar la MTCH?

Dr. Masgrau: Para ejercer la medicina científica es necesario haberla estudiado y dominar su práctica. Del mismo modo, para ejercer la medicina china, de nada sirven los conocimientos de medicina occidental, hay que saber medicina china.

Lo que no puede ser es que enfermos que se pueden beneficiar de un tratamiento farmacológico o quirúrgico, anden perdiendo el tiempo en tratamientos “alternativos” inadecuados para su estado, del mismo modo que es a todas luces absurdo someter a los pacientes a tratamientos farmacológicos o quirúrgicos costosísimos – en términos de dinero y lo que es peor, de salud – cuando podrían haber solucionado su problema de un modo inocuo. En medios de la medicina oficial se comentan los casos de quienes han perdido tiempo y dinero en tratamientos “alternativos” ineficaces, pero nada se dice de los casos mucho más frecuentes de personas que encuentran su remedio en las medicinas tradicionales después de sufrir durante meses y años, no tan sólo los padecimientos del mal, sino también los estragos de una terapéutica extraordinariamente agresiva. Licenciados o expertos en una u otra forma de curar dejan de enfrentarse cuando su actividad está presidida por el afán terapéutico: entonces la rivalidad se transforma en una colaboración para lo que no se requieren papeles, diplomas o licenciatura, sino inteligencia, honestidad y efectividad.

Una última pregunta: ¿Cómo combina Ud. ambas medicinas en su propia consulta?

Dr. Masgrau: Dominar varias medicinas es como hablar distintos idiomas. Uno recurre a aquél que más le sirve para comprender y expresarse en cada circunstancia concreta. En el caso de la medicina, se recurre a aquella que comporta el máximo beneficio para la salud con el mínimo perjuicio para el enfermo.

Muchas gracias por la “paciencia oriental” que ha tenido para contestar a nuestras preguntas.

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