Beneficios terapéuticos de la acupuntura, Integral

Medicina oriental

Un cuarto de la población mundial recurre a la acupuntura, la medicina más antigua que se conoce. Sin embargo, en Occidente despierta todavía recelos porque su eficacia no está demostrada “científicamente”. Los pacientes sanados son su mayor crédito.

En el momento de decidirse por la acupuntura, el paciente imperito se halla ante una doble tesitura. Por una parte abundan los testimonios que dan fe de su eficacia con el más sólido de los argumentos: agujas, moxas, raíces y hierbas han resuelto sus afecciones. ¿Qué otra cosa se le puede pedir a una medicina? Además, ¿cómo no va a ser una buena medicina la que ha cuidado de la salud humana desde antes de los tiempos históricos y que todavía hoy atiende a una cuarta parte de la población mundial?

Sin embargo, aunque es conocida y practicada en Occidente desde hace casi un siglo, la acupuntura sólo ha suscitado el interés de sectores muy minoritarios. La sistemática descalificación que desde la medicina oficial se lanza hacia la acupuntura se basa en la afirmación, repetida hasta la saciedad, de que el valor de los remedios tradicionales no se puede demostrar científicamente. El paciente queda sumido en un mar de dudas. ¿Cómo se puede confiar la salud a procedimientos ignorados, cuando no reprobados, por la mayor parte de los científicos?

Ahora bien, que la eficacia de las medicinas tradicionales no esté científicamente comprobada no quiere decir en absoluto que no sean eficaces. Lo que significa es que los científicos, con sus escrupulosos métodos, no pueden detectar esta eficacia. Negar la utilidad de la medicina tradicional china es como negar la existencia de un paisaje por no vislumbrarlo a través de una lupa o ignorar que se pueda transmitir belleza poética con los indescifrables ideogramas chinos. La ciencia oficial se permite despreciar a la más experimentada medicina sólo porque no entiende su lenguaje. Afirmar que “no se ha demostrado la eficacia” no significa que se haya ensayado la acupuntura con éxito desgraciado, quiere decir que ni siquiera se ha tomado en consideración.

Arbitro partidista

Cuando el presidente de Estados Unidos visitó por primera vez la República Popular China hace 25 años, el numeroso séquito de periodistas que le acompañaban pudo presenciar y conversar con uno de los suyos mientras era intervenido de apendicitis, totalmente consciente. El hecho de que unas pocas agujas permitieran insensibilizar hasta el punto de no sentir el corte del bisturí dejó bien patente que se trataba de una medicina potente. Las imágenes y la noticia dieron la vuelta al mundo dejando como rastro el general convencimiento de que la medicina tradicional china escondía remedios muy valiosos. Ha sido necesario que transcurrieran casi 25 años, y que ya un millón de americanos traten anualmente sus dolencias por alguno de los más de 10.000 acupuntores, para que el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos, auténtico rector de la anónima “comunidad científica”, realice su primer congreso sobre acupuntura. Según el presidente del congreso, Dr. David J. Ramsay, rector de la Universidad de Maryland, las pruebas de la eficacia de la acupuntura “son tan sólidas como las de muchas terapias médicas occidentales. El reto es integrar la teoría de la medicina china en el modelo de investigación biomédico convencional”.

Evidencia empírica

El momento que más puede sorprender al científico es observar cómo sale el enfermo de un tratamiento de acupuntura. No sale con un volante para hacerse radiografías y análisis, o para ir de peregrinaje a consultar a otro especialista. Generalmente se le ve mejorado, aliviado, incluso libre de las molestias que le han llevado a la consulta y muchas veces también liberado de vendajes, muletas, collarines, fajas, sillas de ruedas y otros artilugios ortopédicos. No es raro ver salir bien erguido a quien veinte minutos antes entró doblado por un dolor de espalda, o sonriente a quien tenía el ceño fruncido por un dolor de cabeza.

Lejos del carácter especulativo que le suele atribuir quien no la conoce, la medicina china ha sobrevivido a lo largo de siglos y se ha hecho popular en Occidente gracias a su evidente e inmediata eficacia.

Lejos del carácter especulativo que le suele atribuir quien no la conoce, la medicina china ha sobrevivido a lo largo de siglos y se ha hecho popular en Occidente gracias a su evidente e inmediata eficacia. Tanto es así que, por lo general, la mejoría se presenta ya tras la primera sesión, de ahí la confianza que despierta tanto en los pacientes como en los profesionales. Lejos de quien dice que la química es más adecuada hoy porque actúa más rápido, una de las aplicaciones de la medicina tradicional china es su contribución al proceso diagnóstico. Al averiguar el alcance de una lesión, la aplicación de un tratamiento de acupuntura ahorra las molestias y el dispendio que supone recurrir a la tecnología moderna. Un dolor de espalda puede ser debido a un cáncer, que duda cabe. Pero si a los veinte minutos la persona experimenta una franca mejoría, puede con toda seguridad descartarse una afección grave. Una rinitis o un asma alérgico pueden desaparecer semanas antes de lo que tardaría en averiguarse a qué son alérgicos. Hay que tener en cuenta, además, que muchas de estas personas podrían estar pendientes de tratamientos quirúrgicos, técnicas molestas como las de reproducción asistida, o exploraciones cruentas, tóxicas o simplemente desagradables. No tan sólo se ven liberadas de las molestias, sino que también se liberan de los efectos secundarios de la farmacología y de las técnicas diagnósticas, así como de los riesgos asociados a la cirugía.

Oficio artesanal

La acupuntura es oficial en China, donde las series estadísticas suelen abarcar miles de casos; sin embargo, los protocolos no cumplen la normativa. Tampoco quiere decir nada que en los países en que ambas medicinas se hallan en una situación de igualdad, las farmacias occidentales estén vacías – en Hong Kong eran los propios médicos quienes suministraban los fármacos a sus pacientes – en tanto que las consultas y las farmacias tradicionales estaban concurridísimas. Todo esto no significa nada para la medicina oficial.

El médico chino es un artesano: no cura el hipertiroidismo, pero si una persona acude con esta enfermedad su corazón se apacigua, los ojos regresan a su lecho y las hormonas circulan por la sangre en sus cantidades, calidades y proporciones normales. La persona queda en condiciones de vivir en buena salud, sin tener que tomar fármacos “anti”. El artesano no cura enfermedades, sino que trata de poner en buenas condiciones a los enfermos. Su labor no tiene valor para la ciencia: unos pocos casos de cada enfermedad carecen de significación estadística. El médico chino es un artesano que no trabaja para la ciencia ni para el Estado, sino para las personas que confían en él.

Un científico en la sala de espera

Es imprescindible mirar siempre a través de los instrumentos? Si el científico saliera por un momento de su laboratorio y de sus experimentos y atendiera al mejor de los maestros: la experiencia, si accediera a salir de los estrechos márgenes de lo demostrable y de lo previsible para abrirse a lo que constituye la esencia de la medicina: la sanación, sin duda su visión acerca de lo que la tradición china puede aportar a la medicina moderna se invertiría. Sin lentes vería las cosas tal como son.

“Deben ser médicos por sus curas, no por sus conjeturas”. Lo dijo hace tres siglos, en los orígenes de la medicina científica, el Dr. Joseph Gazola.

Un excelente punto de mira sería la sala de espera de un buen especialista en medicina tradicional china, con el fin de observar a quienes confían en esta medicina a medida que van llegando. La primera sorpresa sería la convergencia en un lugar tan poco devoto de los avances tecnológicos de una gama tan amplia de trastornos y enfermedades, difícil de concebir desde una ciencia tan subdividida en especialidades. Desde este palco podría constatar la presencia de algunas de las siguientes circunstancias:

  • El dolor en sus múltiples manifestaciones. Desde un joven deportista con tendinitis a una persona mayor con osteoporosis, o dolores a lo largo de la columna vertebral, lumbagos, ciáticas, tortícolis, tensión cervical, las neuralgias de todo tipo (trigémino, intercostal, postherpética), de los dolores de cabeza al dolor de los juanetes, desde un esguince a dolores menstruales, dolores cólicos, calambres musculares o úlceras grastroduodenales. Contrariamente a lo que suelen afirmar algunos sin conocimiento de causa no suele tratarse de un efecto pasajero, al estilo de los analgésicos, sino que los efectos suelen persistir durante años en el caso de las lesiones degenerativas (caso de la artrosis), si no desaparecen para siempre (caso de las migrañas o neuralgias).
  • Rehabilitación de secuelas de traumatismos. Parálisis de diferente origen, facial, postraumática… La rehabilitación suele requerir tratamientos prolongados. En el caso de las secuelas de los accidentes vasculares cerebrales el tratamiento debe ser precoz, pues transcurridos ocho meses prácticamente no se consigue recuperación alguna. El despertar tras una única sesión de una extremidad acabada de liberar de una prolongada inmovilización puede calificarse de espectacular.
  • Padecimientos propios de la vida moderna: angustia, depresión, estados de excitación, insomnio. El estilo de vida de la modernidad suele desplazar al ser humano de su eje, lo que se traduce en desequilibrio e insatisfacción psíquica y emocional. El tratamiento de acupuntura suele conducir a restablecer este equilibrio hasta el punto que en ocasiones se aprecia mucho más este “efecto secundario”, la recuperación de esta sensación de bienestar y de paz interior, que la desaparición de la dolencia o trastorno que han motivado la consulta. Suelen ser muy apreciados los tratamientos de las secuelas de los traumas psíquicos, cuando el dolor, la tristeza, o el bloqueo emocional tras el mal de amores, o la muerte de un ser querido, se prolongan y amenazan con deteriorar gravemente la vida de una persona.
  • Trastornos funcionales, del aparato respiratorio, asma, enfisema. o patología cardiovascular, palpitaciones, taquicardia, angina de pecho, infarto de miocardio, hipertensión, además de afonía, gastritis, colon irritable y colitis ulcerosa, hemorroides, náuseas, vómitos, diarreas crónicas, dolores abdominales, vértigos y acúfenos, glaucoma, exoftalmos, trastornos del ciclo menstrual, infertilidad, aborto habitual, esterilidad masculina, impotencia. Al no concebir la psique y el soma en distintos compartimentos, la medicina china es especialmente competente para tratar aquellos trastornos localizados entre el cuerpo y la mente, lo que aquí se conoce como enfermedades psicosomáticas.
  • Enfermos deshauciados por la medicina oficial también se pueden ver en la sala de espera. En general se trata de enfermedades graves, difíciles e imposibles de curar. Enfermedades ya consolidadas, enfermedades autoinmunes; cáncer, diabetes, insuficiencia renal, y un largo etcétera que abarca prácticamente toda la patología, puesto que, en estos casos, la medicina tradicional china es un buen complemento a los tratamientos específicos propios de la medicina oficial. En general, cuanto más avanzada y grave sea la enfermedad más habrá que tener en cuenta los tratamientos oficiales. La medicina china es una medicina de funciones y cabe esperar de ella – de hecho, cabe exigirle – la mejoría de todos los procesos que son funcionalmente reversibles.
  • Estados de subsalud: resfriados frecuentes, cansancio, o trastornos mínimos como son las contusiones. También alergias, hipotensión y otras muchas molestias.
  • Sin respuesta: Las personas que se encuentran mal, y a las que la medicina oficial dice que no tienen nada observable ni en los análisis ni en las radiografías, no siempre son personas hipocondríacas (terrible enfermedad, por otra parte). En ocasiones, esta angustia secundaria al descontrol que supone sentirse mal en ausencia de enfermedad – lo cual se interpreta como si fuera un enfermo imaginario, un neurótico – hace que la persona pierda la confianza en sí misma, en vez de perder la confianza en una medicina que es incapaz de hacerle sentir bien. Muchas de estas afecciones se comprenden bien con la medicina china, que dispone de tratamientos adecuados.
  • Enfermedades de las mujeres, trastornos del ciclo menstrual, ausencia de regla, menstruación dolorosa o irregular, trastornos de la menopausia, displasias…
  • Infecciones bacterianas, especialmente de repetición: infecciones urinarias, bronquitis crónica. Las hepatitis de cualquier letra, bajo los cuidados de la medicna china, no conllevan pronósticos infaustos; dar positivo a un determinado test no implica no aspirar a gozar de los altibajos de una vida normal. Infecciones víricas en general, que carecen de tratamiento eficaz y los propuestos en ocasiones son peores que la propia enfermedad. En el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, tonifica el sistema inmune y es eficaz en el tratamiento de las manifestaciones de la enfermedad, hasta el punto de que en Estados Unidos existen clínicas especializadas en el tratamiento de estos enfermos mediante la Medicina Tradicional China sola o combinada con los tratamientos convencionales. También ha demostrado su eficacia en el tratamiento de otras enfermedades recién descritas, como la encefalomielitis miálgica o el moderno síndrome de la fatiga crónica.
  • Evitar enfermedades. El científico que observe y converse con las personas de una sala de espera, se sorprenderá al ver personas que se encuentran bien. No tratan de hacerse un chequeo para diagnosticar o detectar precozmente las enfermedades, sino que quieren evitarlas. Desde un deportista que quiere la máxima forma física, una actriz que quiere minimizar los efectos del paso del tiempo sobre su rostro y sobre su cuerpo, la persona que necesita una buena condición física y psíquica para soportar los altos niveles de estrés de su profesión o quien quiere evitar recaer en un malestar anterior.
  • Las adicciones merecen mención aparte; al tabaco, al alcohol, a los opiáceos, a la cocaína, a la comida, al trabajo, a los fármacos… Estos casos son especiales porque la colaboración del paciente no puede darse por supuesta y esta situación requiere una colaboración activa.

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